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Actualidad - Entrevistas

20-12-2016

Entrevista a SUSANA ÁLVAREZ GÓMEZ

Médico Inspector Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS)

 

 

En su ponencia de las XIII Jornadas decía: “Ha llegado la hora de hacer un plan de sostenibilidad”, ¿qué papel jugaría en dicho plan la cultura de No Hacer?

 

Un papel predominante y fundamental tal y como planteaba en mi ponencia. “La cultura de No Hacer” busca eliminar todo aquello que no aporta valor en la atención al paciente y que la evidencia científica indica que ya ha sido superado. Impulsada esta estrategia por el Ministerio, en su papel integrador, y apoyada por las Sociedades Científicas, como garantes del conocimiento científico-técnico, la cultura de “No Hacer” tiene todas las posibilidades de implementarse y extenderse a todos los centros sanitarios a través de la concienciación de los propios clínicos.

Como indiqué en mi participación en las XIII Jornadas, los profesionales de la salud tienen un papel central en conseguir que se “deje de hacer”intervenciones inútiles o perjudiciales y contribuir a una conciencia pública de que hay que avanzar en el desarrollo e implementación de protocolos en la prestación farmacéutica y no farmacéutica, mejorar la seguridad clínica, eliminar las duplicidades o facilitar la monitorización de los pacientes a distancia, todas ellas son medidas que están en la línea de ese compromiso por la calidad de las Sociedades Científicas. Con ello, se contribuye a una mayor eficiencia de la atención sanitaria, y en consecuencia a la sostenibilidad. A este respecto, debo decir que me gusta emplear el concepto de sostenibilidad como llamamiento a la responsabilidad colectiva para hacer frente a los desafíos, desde la cooperación y la defensa del interés general.

 

Usted, por su trayectoria profesional, conoce la faceta del profesional médico y la del gestor, ¿cómo aunaría estas dos visiones para implementar las recomendaciones de No Hacer?

 

Como médico soy una convencida que los profesionales médicos queremos lo mejor para nuestros pacientes, pero lo mejor no significa otra cosa que procurarle aquello que necesita, no más ni tampoco menos. Además, somos una profesión en continuo aprendizaje, incorporando los nuevos conocimientos a la práctica clínica diaria. Esto hace que “la profesión médica” este muy abonada para entender que aquello, que no es preciso o que ha sido superado por el conocimiento clínico y el avance técnico, sea realmente sustituido por aquello que supone una mayor efectividad.

Como gestor creo necesario incorporar la evaluación constante de los procesos asistenciales, y entender y hacer entender que, siendo los recursos siempre insuficientes, se debe maximizar su uso. Planteo, en mi ponencia, la necesidad de avanzar en el desarrollo e implementación de un sistema de evaluación con el foco en la mejora de resultados en salud.

Ambos, clínicos y gestores, deben mantener un diálogo fluido, basado en la confianza, y compartiendo un lenguaje común que les permita entender que juntos pueden y deben contribuir a la sostenibilidad del sistema, garantizando la mejor protección asistencial en calidad y seguridad para el paciente. Para ello, se hace necesario sensibilizar y concienciar sobre la necesidad de encontrar eficiencias en el sistema y aumentar la corresponsabilidad con el coste del proceso asistencial, en definitiva, con el coste del Sistema Sanitario.

 

¿Cuál sería la base fundamental en nuestro Sistema Sanitario para empezar a hacer un plan de sostenibilidad?

 

Hemos tenido, a mi juicio, una gran oportunidad en los años de crisis y dificultad económica para haber implementado medidas estructurales de impacto en la sostenibilidad, de cara a garantizarla en el futuro. No ha sido así, y las medidas tomadas, aunque necesarias, han sido más de corto y medio plazo. No obstante, tenemos un sistema sanitario tremendamente eficiente desde el punto de vista del PIB dedicado a Sanidad y los resultados en salud medidos en esperanza de vida. Pero creo que no debemos quedarnos aquí y sí focalizarnos en aquellas bolsas de ineficiencia que conocemos.

El Plan se debe apoyar, a mi juicio, en dos condiciones: en primer lugar hay que plantearlo como un plan a largo plazo donde el Ministerio tenga un papel de liderazgo y las Comunidades Autónomas estén comprometidas para facilitar su traslación a los centros sanitarios, y, en segundo lugar, hay que dotarlo de suficiencia económica e introducir de manera decidida la medida de los resultados, tanto de los resultados en salud como de resultados económicos y de ajuste sobre los objetivos, contando para ello con profesionales clínicos y gestores comprometidos y competentes.

 

Para llegar a buen puerto, ¿qué sectores deberían trabajar conjuntamente e involucrarse en este plan de estabilidad?

 

Habitualmente cuando hablamos de sostenibilidad, pensamos en gestores y profesionales sanitarios. Yo creo que ambos colectivos son necesarios, pero no es suficiente contar solo con ellos. El plan, para ser aceptado por todos y sentirlo como una necesidad, que garantice poder mantener el alto nivel de prestaciones del actual Sistema Nacional de Salud, debe incorporar también la voz del paciente a través de la sociedad civil y de la industria innovadora. Solo así, entre todos, lo haremos posible.

En definitiva, es necesaria una conciencia colectiva: la ciudadanía, asociaciones de pacientes, profesionales sanitarios, medios de comunicación, sindicatos, colegios profesionales, asociaciones científicas, gestores comprometidos…, que contribuya a que estos pasos puedan darse.

 

¿Cuáles serían los objetivos principales a la hora de No Hacer en el Sistema Sanitario?

 

Evitar aquellas actuaciones diagnósticas y/o terapéuticas que no aportan ningún valor al paciente, que son innecesarias, bien porque no han demostrado eficacia, o su efectividad es escasa o se comprueban como no coste-efectivas o bien no son prioritarias. Además, no debemos olvidar la iatrogenia secundaria a la realización de intervenciones innecesarias que pueden suponer un riesgo para el paciente.

No es fácil, porque estamos en una sociedad que tiende al “hiperconsumo” de recursos sanitarios, y cambiar esta cultura requiere mucha información, clara, transparente, veraz y por voces autorizadas, que faciliten entender esta cultura, que ayuden a difundir entre los profesionales sanitarios el compromiso con la calidad y la eficiencia de los cuidados y entre la población la utilización adecuada de recursos sanitarios. En definitiva, contribuir a la corresponsabilidad de todos.

 

Medir resultados siempre ayuda en la toma de decisiones, ¿qué datos destacaría de cara a poner en marcha un plan de estabilidad?

 

Hay que entender y obtener los costes reales por condiciones médicas, y cómo se relacionan esos costes con los resultados, para que las organizaciones sanitarias puedan decidir cómo mejorar los procesos asistenciales y rediseñar la atención.

Por lo tanto, además de desarrollar un sistema de costes, habría que desarrollar una estrategia que vinculase el cumplimiento de objetivos de las organizaciones sanitarias con la medición de los costes incurridos, en definitiva, se trata de medir la eficiencia de los procesos asistenciales. Sin olvidar que la obtención de eficiencias debe lograrse sin reducir la calidad, ni la seguridad de la prestación asistencial.

Por lo tanto, los indicadores deberían contemplar los costes, pero también indicadores de salud poblacional, que midieran el aumento de las condiciones de salud de la población, e indicadores de uso de recursos, que permitieran calcular cuál es el rendimiento de éstos. Y, además, podrían complementarse con el análisis sobre las implicaciones organizativas, sociales y éticas, y con la posibilidad de transferir la evidencia obtenida.

Aprendiendo de los errores, ¿qué tiene que cambiar en nuestro Sistema Sanitario para mirar con claridad a ese futuro que se tiende a pintar tan nebuloso?

 

Afortunadamente ya están cambiando algunas cosas. A modo de ejemplo, que en unas jornadas como estas XIII Jornadas, cada vez vayan más de la mano gestores y clínicos, a la hora de implantar medidas coste-eficientes, de poner en común estrategias y buscar mejoras al hablar de procesos asistenciales, etc., nos hace mirar con optimismo al futuro.

A mi juicio, lo que tiene que cambiar, y ya se están dando pasos para ello, aunque tímidamente, es el papel del paciente, que cada vez debe ser más autónomo y responsable, con quien debemos relacionarnos en base a sus necesidades, atendiéndole donde precise, garantizando la continuidad de cuidados, abriendo el hospital al domicilillo, implementando actividades de promoción de la salud y prevención de la enfermedad, y desarrollando, en definitiva, una medicina de precisión.

No debe olvidarse la necesidad de potenciar la gestión integrada de la información clínica y en el desarrollo e implementación de un sistema de evaluación, desde una perspectiva global y con perspectiva más allá del corto plazo, y que facilite tomar decisiones que contribuyan a la mejora de resultados en salud. Es conveniente también profundizar en modelos colaborativos, y en modelos de ordenación que racionalicen recursos y compartan riesgos.

¿Qué modelo sería el ideal para nuestro Sistema Sanitario y cuáles serían los primeros pasos que dar a corto medio plazo?

 

Tenemos un buen modelo sanitario, que ha contribuido y contribuye al alto nivel de salud de los ciudadanos. Lo que ocurre es que nos hemos acostumbrado a darlo por supuesto, a no reparar en lo que cuesta en términos no sólo económicos. Pero es importante verlo más ampliamente, también lo que supone, desde el punto de vista organizativo, de incorporación de tecnologías, y sin olvidar el más importante recurso que son los profesionales.

A corto-medio plazo los pasos serían: en primer lugar, implementar el concepto de “coste” a nivel clínico y gestor con el objetivo de sensibilizar y concienciar sobre la necesidad de encontrar eficiencias en el sistema y aumentar la corresponsabilidad con el coste del Sistema Sanitario. En segundo lugar, insistir en abandonar prestaciones que no aporten valor al sistema. En esto, los profesionales de la salud tienen un papel central en conseguir que se “deje de hacer”intervenciones inútiles o perjudiciales y contribuir a una conciencia pública de que hay que elegir. El tercer paso sería procurar la optimización de servicios, y de incorporación de tecnologías desarrollando estrategias que promuevan la calidad y el establecimiento de criterios que permitan la introducción ordenada de la tecnología sanitaria. Mantener la amplia cartera de servicios de nuestra Sanidad requiere un mayor esfuerzo a la hora de definir qué introducir, para qué, dónde, para quién y qué resultados en términos de salud se espera lograr.El cuarto paso requiere el desarrollo de sistemas de información integrados, que permitan la toma de decisiones, aumentar la capacidad resolutiva y priorizar intervenciones en salud. El quinto paso consiste en avanzar en el desarrollo e implementación de un sistema de evaluación con el foco en la mejora de resultados en salud. Y el sexto paso es obtener indicadores de resultados en salud que permitan evaluar si se consigue mantener o aumentar la salud de los individuos.

El impulsar esta transformación no es una medida simple, sino una estrategia integral. Requiere cambiar cómo el sistema sanitario está organizado, cómo se mide y cómo se le paga.

Por último, ¿cómo ha vivido y qué destacaría de las XIII Jornadas?

 

Vengo participando de manera habitual en las distintas ediciones de Jornadas que la Fundación Signo organiza. En la XIII se ha puesto en relevancia la cada vez más intensa relación entre clínicos y gestores, y cómo va calando un lenguaje común que facilita el entendimiento y la búsqueda conjunta de soluciones. Como siempre, es un lugar de encuentro en el que compartir conocimientos y pasar unos días muy provechosos. Animo y agradezco a la Fundación Signo a que mantenga este esfuerzo organizativo y la misma ilusión que manifiesta en cada convocatoria.



Impulsada esta estrategia por el Ministerio, en su papel integrador, y apoyada por las Sociedades Científicas, como garantes del conocimiento científico-técnico, la cultura de “No Hacer” tiene todas las posibilidades de implementarse y extenderse a todos los centros sanitarios a través de la concienciación de los propios clínicos"


"Como indiqué en mi participación en las XIII Jornadas, los profesionales de la salud tienen un papel central en conseguir que se “deje de hacer”intervenciones inútiles o perjudiciales y contribuir a una conciencia pública de que hay que avanzar en el desarrollo e implementación de protocolos en la prestación farmacéutica y no farmacéutica, mejorar la seguridad clínica, eliminar las duplicidades o facilitar la monitorización de los pacientes a distancia, todas ellas son medidas que están en la línea de ese compromiso por la calidad de las Sociedades Científicas. Con ello, se contribuye a una mayor eficiencia de la atención sanitaria, y en consecuencia a la sostenibilidad


"Clínicos y gestores deben mantener un diálogo fluido, basado en la confianza, y compartiendo un lenguaje común que les permita entender que juntos pueden y deben contribuir a la sostenibilidad del sistema, garantizando la mejor protección asistencial en calidad y seguridad para el paciente. Para ello, se hace necesario sensibilizar y concienciar sobre la necesidad de encontrar eficiencias en el sistema y aumentar la corresponsabilidad con el coste del proceso asistencial, en definitiva, con el coste del Sistema Sanitario"



"El Plan se debe apoyar, a mi juicio, en dos condiciones: en primer lugar hay que plantearlo como un plan a largo plazo donde el Ministerio tenga un papel de liderazgo y las Comunidades Autónomas estén comprometidas para facilitar su traslación a los centros sanitarios, y, en segundo lugar, hay que dotarlo de suficiencia económica e introducir de manera decidida la medida de los resultados, tanto de los resultados en salud como de resultados económicos y de ajuste sobre los objetivos, contando para ello con profesionales clínicos y gestores comprometidos y competentes"


"Además de desarrollar un sistema de costes, habría que desarrollar una estrategia que vinculase el cumplimiento de objetivos de las organizaciones sanitarias con la medición de los costes incurridos, en definitiva, se trata de medir la eficiencia de los procesos asistenciales. Sin olvidar que la obtención de eficiencias debe lograrse sin reducir la calidad, ni la seguridad de la prestación asistencial"


"Afortunadamente ya están cambiando algunas cosas. A modo de ejemplo, que en unas jornadas como estas XIII Jornadas, cada vez vayan más de la mano gestores y clínicos, a la hora de implantar medidas coste-eficientes, de poner en común estrategias y buscar mejoras al hablar de procesos asistenciales, etc., nos hace mirar con optimismo al futuro"