Valor en salud
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El Liderazgo o la habilidad de influenciar en los demás

El Liderazgo o la habilidad de influenciar en los demás

Corpus Gómez
Directora de Recursos Humanos, Comunicación y RSC de Marina Salud   /   16-06-2021   /   0 COMENTARIOS   /  A+ | a-
"Un líder es un negociador de esperanzas"
      Napoleón Bonaparte (líder francés)


Si hay un mantra que se repite en la gestión de personas, en los foros sobre gestión de recursos humanos, este es el del Liderazgo. Liderazgo y Motivación son los fetiches más ampliamente utilizados en cualquier evento, blog, foro, curso, reunión o conversación informal que pueda tener algo que ver con Gestión. En nuestros centros sanitarios también.

Y sí, digo bien, fetiche. Fetiche, según el diccionario es “la figura o imagen que representa a un ser sobrenatural al que se atribuye el poder de gobernar una parte de las cosas o de las personas, y al que se adora y se rinde culto”. En una segunda acepción, que igualmente nos viene al caso, fetiche es también “aquel objeto al que se atribuye la capacidad de traer buena suerte a quien lo usa o lo posee”. Por ello nos lanzamos frecuentemente a enarbolar la bandera del liderazgo como solución a nuestros problemas, sin pararnos a pensar que, quizá, la utilización del fetiche no sea la adecuada en según qué contextos, con qué personas o en qué situaciones.

Liderazgo es un tema que bien podríamos considerar de nivel parvulitos de Gestión y paradójicamente es el gran ausente en la mayoría de los contenidos de cualquier formación especializada, máster o postgrado en Gestión Sanitaria. Un baño en las aguas del liderazgo siempre viene muy bien a lo largo de toda nuestra vida. Para quien nunca ha oído hablar de manera especializada sobre ello, le introduce en esas lides. Para quien lo ejerce, si no lo hace de manera adecuada al contexto en el que se encuentra, sirve para reorientarle.

La Motivación es un concepto íntimamente ligado al Liderazgo. La influencia del Liderazgo en la Motivación de los profesionales es directamente proporcional, en sentido positivo y también negativo. Por ello, a menudo, hablamos mucho de Liderazgo cuando abordamos temas relacionados con la Motivación y tendemos a confundir los términos.

Todos lideramos de uno u otro modo, no es una habilidad que solo podamos asociar a los responsables de equipos de trabajo: lideramos cuando organizamos las cosas en nuestras familias, en nuestro ámbito doméstico, cuando educamos a nuestros hijos, cuando nos relacionamos con nuestros compañeros en un equipo deportivo, cuando trabajamos con nuestros colegas, cuando interactuamos con nuestros pacientes, etc.  De ahí que todos nos consideremos unos expertos en el tema y, quizá por ello, dediquemos poca atención a formarnos sobre el asunto de una manera técnica o a perfeccionarlo con un enfoque adaptado a cada situación.

El ejercicio del liderazgo lo hacemos desde diferentes estilos. Sobre los diferentes tipos de liderazgo se ha escrito mucho. Estamos inundados de contenidos sobre ello, literatura básica, infografías y material audiovisual abundan en la Red, yo diría que tenemos “LíderHartazgo”. Si nos paramos a observar los estilos de liderazgo, tres son los considerados por los expertos como fundamentales: El liderazgo carismático, el liderazgo transaccional y el liderazgo transformacional.

Digamos de manera sencilla que el carismático es el que es capaz de generar entusiasmo en los demás. Los líderes carismáticos son visionarios e inspiradores, tienden a hacer buen uso de la comunicación no verbal y estimulan a  los demás a hacer aquello en lo que ellos creen. El grupo se reúne en torno a estos líderes por su gran capacidad de comunicación y su carisma.

El liderazgo transaccional tiene como base el intercambio, se fundamenta muy habitualmente en un sistema de premios y castigos y se centra más en la supervisión y organización de los grupos. Es muy utilizado institucionalmente.

Por último, el concepto de liderazgo transformacional fue introducido por James MacGregor Burns y tiene más que ver con el tipo de liderazgo ostentado por individuos con una fuerte visión y personalidad que son capaces de cambiar las expectativas, percepciones y motivaciones de quienes les rodean. Es un liderazgo de gran impacto sobre los seguidores y se diferencia del carismático en que este no llega a “transformar” la visión del seguidor como sí lo hace el líder transformacional.

Ciertos maestros en liderazgo señalan con frecuencia al respecto que la motivación, la actitud que adoptemos ante diferentes situaciones y con el ejercicio de liderazgos diferentes, van a determinar nuestro rol en ellas. Podremos pasar de ejercer un rol pasivo en un equipo de trabajo a un rol activo asumiendo un liderazgo informal en él. Es posible también ejercer un liderazgo técnico en equipos sin necesidad de estar en la posición o rol de responsable de un grupo de profesionales. Del mismo modo, todos hemos visto a profesionales con responsabilidades en proyectos o equipos ejercer un rol pasivo consciente o inconscientemente, es el llamado “laissez-faire”.

Liderazgo y posición en la jerarquía o en el organigrama no siempre van unidos. Recordemos que líder y jefe son palabras con significado muy diferente.  Un jefe requiere obediencia  y un líder se gana su autoridad fundamentalmente a través de la confianza y el conocimiento. A Margaret Thatcher se le atribuye una frase que me resulta muy ilustrativa para este argumento: "Ser poderoso es como ser mujer. Si le tienes que decir a la gente que lo eres, entonces no lo eres".

Por esta relación tan estrecha que tiene con la motivación es por lo que adquieren, en las organizaciones, tanta o más relevancia los liderazgos informales, los técnicos o los “no-liderazgos”. Seamos pues muy cuidadosos con su aplicación en todos los ámbitos.

Dado su impacto y transcendencia, llevemos el correcto ejercicio del liderazgo a todas las parcelas de nuestro ámbito profesional y muy especialmente a aquella que tiene que ver con nuestra interrelación con los pacientes. No es suficiente con ejercer un liderazgo técnico cuando abordemos el proceso de su enfermedad, tenemos que llegar a ese liderazgo carismático que logre, por ejemplo, más altas tasas de adhesión a tratamientos.

En muchos casos no es suficiente el ejercicio de liderazgos transaccionales que motiven a nuestros pacientes a cuidarse por el mero hecho de no recibir el castigo de la enfermedad. Intentemos coquetear con el liderazgo transformacional para ver si logramos convertir esa pauta terapéutica aconsejada en un verdadero hábito saludable. Trabajemos este tipo de liderazgo en acciones de prevención y promoción de la salud o cuando nos enfrentemos a los “anti-vacunas” por mencionar solo algunos ejemplos.

Convirtamos en reto del liderazgo transformacional que el paciente adopte el mantra del auto cuidado de la salud, seguro que le hacemos un favor a nuestro sistema sanitario y a nosotros mismos.


Artículo original publicado en New Medical Economics noviembre 2017
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