Valor en salud
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13-06-2012

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MONOGRAFICO "REORGANIZAR EL S.N.S"

 

 

Xavier Feliu Román

Director Gerente

Hospital Son Llatzer. Palma deMallorca

No hay opción a tibiezas e irresponsabilidades

  

Ya hace algunas décadas que constatábamos  la capacidad infinita de nuestra sociedad para solicitar mejoras en la asistencia sanitaria, frente a  las obvias limitaciones de cualquier país para ofertar recursos a sus ciudadanos de forma ilimitada.

También observábamos que nuestro  sistema sanitario era vulnerable a las apremiantes demandas de asistencia, no se correspondía con el dinamismo de la innovación médica y no estaba adaptado a los variados requerimientos de las instituciones sanitarias.

La universalización de las prestaciones, la complejidad en la organización, gestión y movilización de recursos técnicos y humanos,  provocaba disfunciones e ineficiencias que era preciso corregir.

La gestión sanitaria se consolidó rápidamente en todo el Estado, alcanzando momentos muy brillantes en su formulación teórica a principios de los años noventa, hasta caer progresivamente en el cierto estancamiento intelectual, quizá debido al poco calado que iban teniendo en nuestras organizaciones las formulaciones más novedosas.

De hecho las principales premisas siguen vigentes en la actualidad y se plantean ahora como retos de futuro y elementos de cambio.

Tal vez, la aportación de ingentes cantidades de recursos tanto económicos como humanos al sistema sanitario, y el recorrido e impacto  tan espectacular que tenían éstos en la salud de la población, hizo dejar para más adelante el definitivo asentamiento de los pilares del estado de bienestar y, en definitiva, los principios de sostenibilidad del sistema.

Podemos afirmar que hemos construido, entre todos, uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo; sin embargo, en la actualidad y acuciados por una profunda crisis económica, nos cuestionamos su   sostenibilidad y nos asaltan dudas sobre si nuestro estado de bienestar se encuentra, como un castillo de naipes, al albur de  los ciclos económicos.

No es aventurado afirmar que nuestro sistema sanitario es de altísimo nivel en cuanto a prestaciónes, universalidad y resultados en términos de salud, pero a su vez es un  sistema ineficiente, inadecuado y poco productivo. En suma: un sistema caro  en cuanto a su contingencia ilimitada y su encorsetado funcionamiento  que puede transformarlo en  insostenible.

Acierta el documento de “Reorganizar el Sistema” en la propuesta de los vectores del cambio en el SNS, pues desde luego no conseguiremos  la calidad, la eficiencia y la equidad, sin centrarnos fundamentalmente en las personas-pacientes, en la flexibilización del modelo y su integridad, la gestión eficiente de los recursos, su solvencia y el liderazgo  con la participación de todos los sectores implicados.

Un elemento fundamental que debiera servimos de punto de partida en su diseño, es el análisis previo de la sociedad en que vivimos.

Sus sistemas organizativos, productivos, económicos y sanitarios, tienen sin duda mucho que ver con la idiosincrasia, cultura, formación e incluso forma de vida de cada sociedad. Así, la tipología de nuestra sociedad, su capacidad económica, valores individuales y colectivos o la configuración familiar y social, conformará la organización y los resultados de nuestro sistema.

Una sociedad comprometida y solidaria, una sociedad trabajadora, austera y donde el bien común se conforma como un valor social, será la adecuada para sentar las  bases de  un sistema afianzado y sostenible.

Es por ello que estos valores deben imbricarse  en nuestras organizaciones como factor determinante del cambio.

La premisa fundamental es redefinir un modelo centrado en el esfuerzo y la solidaridad, basado en la aportación individual y colectiva, el compromiso y la honestidad.

El segundo eje de nuestro sistema pasa por una clara definición de las  contingencias  cubiertas, estableciéndose de forma explicita sus límites,  estableciéndose una cartera de servicios todo los sostenible que nuestras potencialidades (no coyunturales) nos permitan, pero siempre desde la perspectiva de sostenibilidad del sistema, estabilidad y rigor presupuestario, con independencia de la fluctuación de los ciclos económicos. Por ende, un catálogo de prestaciones en el que el ciudadano debería participar, bien con aportaciones, bien y/o con  actitudes de prevención de la salud, ahorro y responsabilidad.

Es conocida la voluntad del poder político en participar de forma activa en la sanidad y su planificación, dado que, por añadidura, hay votos y muchos recursos e intereses en juego. Por lo mismo, también ha sido uno de los responsables, junto con los gestores y profesionales, de los éxitos y algunos fracasos de nuestro sistema.

De una vez por todas deben diferenciarse de una forma clara las responsabilidades del poder político en la financiación y  la provisión de recursos. Los poderes públicos deben ser los garantes del sistema, resguardarlo y protegerlo, pero no necesariamente gestionarlo.

El nivel de recursos es ingente y la participación de todos, necesaria. A día de hoy, no pueden albergarse dudas relativas al manejo de los múltiples modelos de gestión, y habrán de utilizarse todos los instrumentos a nuestro alcance, sin cortapisas ni complejos.

En cuanto a la participación privada, es necesaria en todas sus potencialidades y debe participar activamente en la provisión de servicios sanitarios en la medida que la planificación de conjunto juzgue pertinente.

Por lo que respecta al papel de las Comunidades Autónomas, el modelo Autonómico ha incrementado los recursos y paralelamente el déficit del sistema sanitario; ha aumentado la inmediatez y agilidad de respuesta, pero también es constatable que, en cierto modo, ha fragmentado nuestro sistema de cobertura asistencial.

El papel de las Comunidades debería priorizarse en el ámbito de la gestión y provisión más que en el normativo, que debería efectuarse de forma unificada (Consejo Interterritorial) por no decir centralizada y, en ningún caso, formaría parte de sus competencias el ampliar y definir contingencias y prestaciones.

No podemos olvidar que el motor del cambio en nuestras organizaciones radica en la personas: profesionales de altísimo nivel que han hecho posible este sistema,   que llevan tiempo demandado  reglas de juego claras que premien el esfuerzo y donde profesional y organización conozcan la aportación individual de cada uno y sean reconocidos por ello; profesionales ávidos de información y de proyectos, que quieren participar de manera activa y responsable en los eventuales logros de nuestras instituciones.

Es  el momento de plantearse, de manera definitiva y esta vez por simple necesidad de garantizar el futuro, que aquellos principios definidos hace ya muchos años deben llevarse a la práctica de forma incuestionable; que no hay opción a tibiezas e  irresponsabilidades. Debemos emplazarnos, desde hoy mismo, a establecer las bases definitivas para la sostenibilidad de nuestro sistema sanitario en el siglo XXI.