Antoni Pérez
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Antoni Pérez Jefe de Servicio en el Laboratorio Clínico del Hospital NS Meritxell (SAAS). Principado de Andorra. ¿Cuál es tu experiencia profesional y cuánto tiempo llevas en la actividad actual? Tengo 53 años, me formé como médico en el Hospital de la Vall d’Hebró de Barcelona y como especialista en Bioquímica Clínica en el Hospital de Sant Pau de Barcelona. Al acabar la residencia tuve la oportunidad de contribuir a montar el primer laboratorio clínico que existió en el Hospital de Figueres (Girona) y del que fui Jefe de Servicio durante un año y medio, hasta que opté a una plaza de Jefe de Servicio en el Laboratorio Clínico del Centre Hospitalari Andorrà (actualmente Hospital Nostra Senyora de Meritxell) del Server Andorra d’Atenció Sanitària del Principado de Andorra, puesto en el cual sigo ejerciendo hoy en día, después de 23 años. Con el transcurrir del tiempo, he tenido ocasión de formarme, complementariamente, en gestión de laboratorio y gestión hospitalaria. El laboratorio que dirijo ha evolucionado, lógicamente, a lo largo de los años, y está centrado en la asistencia a la población del país. Actualmente nos estamos preparando para poder obtener la acreditación según la norma ISO-15189. ¿Qué destacarías como lo mejor de tu carrera profesional? Hay dos estímulos principales y permanentes: Saber que formas parte de un equipo, cuya labor contribuye de manera clínicamente relevante al diagnóstico y seguimiento de los pacientes, que es, a su vez, una forma de contribuir a la mejora de la sociedad. La experiencia de diversas ocasiones en las que he tenido la oportunidad de poner en marcha proyectos en el laboratorio clínico –a veces partiendo de cero–, y que gestionando y trabajando en equipo, acaban convertidos en realidades efectivas. ¿Y lo peor? Personalmente, sufro con la sensación –certeza diría– de que, a medida que crece el laboratorio, uno no consigue abarcarlo todo, perdiendo amplitud de conocimiento a favor de una superespecialización no siempre adecuada a las necesidades del clínico y el paciente. En lo general, en el ámbito del laboratorio clínico, me disgusta y me preocupa el enfoque ultracomercial que propugnan determinados laboratorios y/o empresas, que acaban desvirtuando el sentido de la profesión y perjudicando al conjunto de los profesionales de las ciencias de laboratorio. ¿Cómo ves el futuro? El profesional del laboratorio clínico debe adaptarse al cambio permanente. Tres ejes: calidad, flexibilidad y eficiencia. Los laboratorios deben acreditar su calidad y su competencia; con los procesos de certificación y/o acreditación obtienen robustez y consolidan su posición en los sistemas sanitarios, a la vez que genera confianza –basada en pruebas– en el cliente interno y externo. Por otra parte, los laboratorios deben ser flexibles para gestionar variables como la dispersión de sistemas analíticos tipo point-of-care, la colaboración entre centros, los ajustes presupuestarios, la gestión de los recursos humanos, la rápida evolución de la tecnología tanto la analítica como la de sistemas de información. Las posiciones de resistencia en estos temas son, en mi opinión, completamente desaconsejables y abocadas al fracaso. Y qué decir de la eficiencia. No es una moda, es el paradigma en el que vivimos. No es necesario consumir energía en un proyecto si no va acompañado de su correspondiente análisis que demuestre mejora de la eficiencia. A mi modo de ver, es lo correcto y lo exigible: la sociedad no puede permitirse gastar inadecuadamente recursos. Los laboratorios clínicos podemos liderar este enfoque dentro del sistema: tenemos experiencia acumulada y fuimos –hace ya muchos años– pioneros al introducir la dimensión económica en nuestra toma de decisiones. En relación con tu participación en el “Monográfico 1. Coste-efectividad en el Laboratorio Clínico”, de la revista Gestión y Evaluación de Costes Sanitarios, ¿qué opinión tienes sobre el mismo? El “Monográfico 1. Coste-efectividad en el Laboratorio Clínico” fue revelador. Es, sin duda, el camino a seguir. Cada vez hay más profesionales sensibilizados y con conocimientos. Debemos aprender de ellos y seguir la línea de contención de costes basada en el rigor metodológico. El curso organizado por Roche Diagnostics y la Universidad Complutense de Madrid me resultó muy útil y estimulante. El nivel de las ponencias y de los docentes, extraordinario. Fue un auténtico placer intelectual y personal. |
“El profesional del laboratorio clínico debe adaptarse al cambio permanente. Tres ejes: calidad, flexibilidad y eficiencia”
“Saber que formas parte de un equipo, cuya labor contribuye de manera clínicamente relevante al diagnóstico y seguimiento de los pacientes, que es, a su vez, una forma de contribuir a la mejora de la sociedad” “Los laboratorios clínicos podemos liderar este enfoque dentro del sistema: tenemos experiencia acumulada y fuimos –hace ya muchos años– pioneros al introducir la dimensión económica en nuestra toma de decisiones” |
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