Antonio Sáenz
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Antonio Sáenz Calvo Centro de Salud de Pozuelo. Profesor de la Agencia Laín Entralgo. ¿Cuánto tiempo llevas? Llevo más de treinta años trabajando en el sector sanitario. Soy doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad Autónoma de Madrid y especialista en Medicina Interna por la Clínica Puerta de Hierro de Madrid. Sin embargo, siempre me ha atraído el trabajo en el primer escalón del sistema sanitario. Después de formarme como MIR, pasé a trabajar en atención primaria hasta el día de hoy que trabajo en el CS de Pozuelo. Durante un paréntesis de cinco años trabajé en la Agencia de Evaluación de Tecnologías Sanitarias del Instituto de Salud Carlos III, Ministerio de Sanidad. Ahí mi función era evaluar la eficiencia de algunos medicamentos, algunos dispositivos y algunas técnicas, como el tratamiento hormonal sustitutivo, determinadas prótesis o las indicaciones y contraindicaciones del transplante y re-transplante hepático. Uno de esos cinco años lo pasé en Canadá, en una agencia hermana de la española, la Canadian Coordinating Office for Health Technology Assessment (CCOHTA). Viajé con una Ayuda FIS-BAE. El día de mi llegada el Director había dimitido y se tralasdaba a la Agencia de Health Economics en Edmonton (Alberta). En el proceso de selección del nuevo director, que duró seis meses, decidieron que lo mejor para mí era enviarme a la universidad. Allí trabajé con dos personas, Andreas Laupacis y David Moher, dos personas con una trayectoria académica sobresaliente. Colaboré mucho con ellos y acabé aprendiendo la técnica de las revisiones sistemáticas y meta-análisis. Siempre me había interesado la diabetes pero con ellos trabajé en el síndrome de Behcet, osteoporosis, laringitis-croup, claudicación intermitente… Publiqué los resultados en el BMJ, Drugs, o en el WJM. Al volver aquí, uní a la diabetes que siempre me había interesado –mi tesis versó sobre la hiperglucemia en Síndrome Tóxico-, la técnica de las revisiones sistemáticas y el meta-análisis. Lo primero que hice fue crear un grupo y, colaborando con la Cochrane, hicimos una revisión sobre la metformina que publica,mos en Aten Primaria. Por otro lado, actualmente soy profesor en la Agencia Laín Entralgo de la Comunidad de Madrid, donde doy varios cursos cada año de diabetes y de revisiones. El trabajo que hemos presentado a los premios se ha realizado aquí, en la Comunidad de Madrid, con otra Ayuda FIS. Se trataba de diseñar un programa informático que ayudase, de forma automatizada, a los médicos de atención primaria de los diabéticos tipo 2, a tomar decisiones en el inicio, continuación, o cambio de insulinas y sus respectivas dosis. Ese programa, al final ha acabado siendo una aplicación –insulinsmart-, en Apple, donde los médicos y los enfermos, con información y con salvedades para estos últimos, se pueden descargar el programa, introducir sus datos de glucemia y obtener consejos y recomendaciones de insulinoterapia. Fue un trabajo muy importante, porque tuvimos que diseñar mas de 75.000 posibilidades diferentes de tratamiento. Con esta aplicación realizamos un ensayo clínico en el que participaron setenta médicos y setecientos diabéticos. Los médicos que utilizaban el programa obtenían mejores resultados en sus pacientes que los médicos que no utilizaron el programa. Estoy satisfecho pues como me enseño uno de mis maestros, el doctor Enrique Rojas Hidalgo, del antiguo servicio de diabetes de Puerta de Hierro, he conseguido aunar los tres pilares en los que debe apoyarse la actividad profesional de un médico, y que son trabajar en la asistencia, la docencia y la investigación. Durante la mañana atiendo a los pacientes, después durante una hora hago trabajos de tutoría con mi residente y por la tardes preparo mis clases o mis publicaciones. Las clases en la agencia Laín Entralgo, que al principio eran presenciales, han pasado a ser en parte cursos online, por lo que cada año formamos a unos cuatrocientos médicos de atención primaria en diabetes. ¿Qué ha sido lo mejor? Destacaría dos cosas fundamentales. Lo mejor fue sentirme parte de un proyecto que era la puesta en marcha de la atención primaria de salud en España. Fue como una primavera para la salud pública: pasar de la medicina de cupo a una medicina de equipo. El médico pasó de estar sólo a tener un equipo con el que contar y en el que apoyarse. Se hacen sesiones bibliográficas, clínicas, de formación en habilidades prácticas, monográficas para los residentes, clase en algunos colegios… En cuanto al extranjero, básicamente lo mejor fue la generosidad de la gente con la que trabajé en Canadá, porque todos fueron muy amables, hospitalarios y abiertos. A nivel personal, llegué a tener algunas amistades que mantengo hoy en día. También mantengo relación profesional con ellos. Y mi último trabajo lo van a publicar allí. ¿Qué ha sido lo peor? Hay dos cosas malas para un médico asistencial. Lo primero es la muerte. En mi primer trabajo en Villaverde Alto, asistí al momento en el que empezaba a aparecer el SIDA asociado a la droga, que afectó a muchos jóvenes y yo veía morir a gente casi de mi edad con una frecuencia inusual. Lo viví como una gran injusticia. No es lo mismo ahora que en mi cupo de 2.000 personas hay un 30 por ciento de mayores de 65 años en los que parece más lógica la aparición de la enfermedad. En segundo lugar, lo peor es esta época de incertidumbre que nos está tocando vivir. ¿Cómo ves el futuro? Siempre he pensado que una situación de crisis es buena porque nos conduce a esforzarnos a buscar soluciones, nos exige agilidad y dinamismo, no nos deja acomodarnos, y nos ayuda a conocernos mejor. Crisis es cruce o encrucijada. Podemos tomar un camino u otro. Pero también es verdad que puedes no hacer nada o tomar el amino sin futuro. Las crisis se dejan por detrás a gente que no puede evolucionar. Estamos en una crisis enorme, que empezó hace tres años y ahora nos dicen que 2012 va a ser todavía peor que 2011. La visión de los compañeros es negativa, aunque yo soy claramente optimista y creo que saldremos adelante. Lo que sí es cierto es que se necesita una racionalización muy grande en el sistema nacional de salud, que probablemente trascenderá las creencias personales, los nacionalismos y las discusiones políticas. Llegará el momento en el que digamos que tuvimos una época de disgregación del sistema nacional de salud en las comunidades autónomas y que ahora tenemos que modificarlo. Tendrá que haber una historia clínica única, lo que evitará duplicidad de pruebas y provocará otra forma de gestión, quizás ayudándose de la gestión privada. Actualmente trabajamos muy funcionarialmente y no se valora quién trabaja más o menos; seguramente, esto tendrá que cambiar. También existe un sistema demasiado rígido de recursos humanos. En Canadá con un sistema de salud público muy parecido al nuestro, los profesionales tienen una enorme libertad al diseñar sus horarios, sus visitas, sus competencias. Por ejemplo en el centro de salud que yo conocí en Orleans, en Ontario, un médico podía pasar consulta, hacer urgencias de hospital, asistir partos, hacer vasectomías, ser médico de referencia de 2 residencias de ancianos, ser docente, disponer de un residente y 2 estudiantes, en total 80 horas a la semana. Mientras que otro decidía trabajar sólo 15 horas de consulta semanal. Naturalmente las retribuciones eran muy diferentes y veían el beneficio rápidamente. Creo que aquí nuestros políticos se han equivocado, apostando por el modelo hospitalario y abandonando un poco a la atención primaria, que es mucho más barata y más resolutiva una vez que tenemos los medios. En los años 70, cuando era estudiante, pensábamos que la vida inteligente estaba en los hospitales, pero en los 80 y 90, cuando no quedaban hospitales para nosotros, todos salimos a la calle, por lo que no hay tanto médico general, sino especialistas que se han formado en un hospital. Por tanto, los médicos generalistas podríamos hacer mucho más de lo que hacemos y podríamos atender urgencias que colapsan los hospitales y de una manera mucho más barata. Además, tenemos la ventaja de que conocemos al paciente porque somos su médico de cabecera y tenemos antecedentes para determinar más fácilmente un diagnóstico o poner un tratamiento; esto también evita un gasto innecesario, de pruebas que no se necesitan. Pero esto lo tienen que entender los políticos. Fuisteis finalistas en los Premios Profesor Barea con el trabajo “Desarrollo y Validación de la Aplicación Informática para el control de la insulina en la Diabetes 2. ¿Qué os motivó a presentaros? Tuve conocimiento de los premios por Margarita Alfonsel, que trabajaba en la Fundación Signo. Buscando financiación para hacer mi proyecto, se lo presenté a ella, le pedí opinión y me animó a presentarme a los premios. Me he presentado dos veces: primero cuando todo era un proyecto y después ya con resultados. La segunda vez fue estupendo tener el reconocimiento de los Premios Profesor Barea; me hizo mucha ilusión. Cuando estuve en los premios, conocí el Bazar y la web y se me abrió otra vía de conocimiento. ¿Qué te parecieron los Premios Profesor Barea? Me parecieron ilusionantes. En realidad, uno investiga por motivación propia, casi por hobbie, y mentiría si no dijera que uno necesita que alguien le reconozca su labor y su dedicación, independientemente del premio económico, al que no llegué. El ensayo clínico que hicimos era con diabetes tipo 2, porque es más sencilla que la 1. Sin embargo, trato con el programa a pacientes de diabetes tipo 1, pero que se conocen muy bien su enfermedad y que saben que sólo es un programa de consulta para ellos y tienen que remitirse a un médico. |
“Creo que aquí nuestros políticos se han equivocado, apostando por el modelo hospitalario y abandonando un poco a la atención primaria, que es mucho más barata y más resolutiva una vez que tenemos los medios” “Al final he conseguido cumplir con las enseñanzas de uno de mis maestros, el Dr. Enrique Rojas Hidalgo (†) del Servicio de Diabetes de la Clínica Puerta de Hierro, la actividad profesional de un médico se debe basar en tres pilares: la asistencia, la docencia y la investigación”
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