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Félix Lobo Catedrático del Departamento de Economía de la Universidad Carlos III de Madrid
¿Cuál ha sido tu trayectoria profesional?
Mi vida profesional ha sido muy variada. Soy fundamentalmente profesor de universidad, desde hace muchos años, desde los años 70. Soy catedrático desde el año 82. He alternado la vida universitaria con el trabajo en la administración pública, donde he pasado diez años de mi vida en el ministerio de sanidad. Primero, estuve casi siete años siendo director de farmacia en los años ochenta. Luego, estuve casi tres años y medio como presidente de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición. También, al principio de mi carrera, trabajé un tiempo en la empresa privada. Estoy contento por haber tenido esas diversas experiencias a lo largo de mi vida, creo que ha sido enriquecedor.
¿Qué ha sido lo mejor?
Quizás destacaría tres cosas. Primero, que me lo he pasado muy bien trabajando y todavía disfruto mucho. Lo paso bien en la universidad, en la docencia y en la investigación; también en la administración pública, donde no diría yo disfrutar, disfrutar, pero sí que he tenido un trabajo interesante y la suerte de tener como jefes a personas destacadas, como Ernest Lluc. Este sería el primer elemento, que he disfrutado a lo largo de mi vida laboral. En segundo lugar, destacaría que creo que he contribuido a mejorar y solucionar, al menos en parte, algunos problemas de nuestro sistema sanitario. Al menos, trabajé mucho, con mucho entusiasmo y con equipos con los que estaba muy compenetrado, en algunos temas importantes de nuestro sistema sanitario, como la primera ley del medicamento o el establecimiento del sistema de fármaco-vigilancia de nuestro país. En tercer lugar, otra cosa que me resulta muy satisfactoria es el haber contribuido al éxito profesional de alumnos míos. Tengo un conjunto de personas que empezaron a trabajar conmigo, yo procuré orientarles y enseñarles cómo trabajar, y hoy son grandes profesionales. Es muy satisfactorio saber que mi trabajo ha servido para que ahora otras personas estén dando un gran fruto a la sociedad y tengan puestos destacados.
¿Qué ha sido lo peor?
Me cuesta trabajo encontrar algo malo en mi vida profesional. Lo ha habido, pero me pasa como a la mayoría de las personas, que tendemos a olvidar lo malo y a recordar sólo lo bueno. Si tengo que rebuscar, quizás diría algunos asuntos dolorosos o complicados por su propia naturaleza. Recordaría la enorme impresión que supuso y cómo vivimos con enorme preocupación los momentos en los que empezaron a aparecer los primeros casos de sida; entonces no sabíamos que era sida, sino que eran enfermos y que algunos morían, por ejemplo, los hemofílicos. Esto fue verdaderamente lamentable. También recuerdo algún asunto en la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición, aunque no tan grave porque no tuvo consecuencias personales, como la contaminación con hidrocarburos de aceite de girasol, que ocurrió poco antes de acabar mi mandato en la agencia. Esto fue un problema de unos días, afortunadamente, porque llegamos a tener trescientas mil toneladas de aceite de girasol contaminado en nuestro país, debido a una práctica fraudulenta en Ucrania, que por suerte no tenía consecuencias negativas para la salud.
¿Cómo ves el futuro?
Creo que en gestión sanitaria se ha progresado mucho, aunque he de decir que, al menos a corto plazo, el futuro es muy complicado y quienes trabajan en el sistema sanitario lo saben bien. Tenemos una circunstancia económica muy compleja que no acaba de resolverse, fundamentalmente por un problema de liderazgo político, sobre todo a nivel internacional. Actualmente eso está introduciendo un contratiempo de reducción presupuestaria y creando innumerables problemas. Por tanto, a corto plazo, el futuro es muy difícil. Espero que se resuelva el problema del liderazgo político, que creo que afecta sobre todo a Alemania y a Francia, y sus dirigentes tengan altura de miras y visión de estadistas, para que puedan las aguas volver a su cauce. En el corto plazo, creo que tenemos las cosas muy difíciles, más que por nosotros, por nuestro país, donde las cosas empiezan a estar orientadas, por el plano europeo, centrado en Alemania y en Francia. De todas formas, empieza a haber algún atisbo de que la cosa puede solucionarse. Desde el punto de vista estrictamente profesional, creo que los gestores sanitarios estamos mejorando y mejoraremos más. Hay un problema pendiente, que se llama el buen gobierno sanitario; creo que en las normas de buen gobierno, en cuanto a selección de los gestores con criterios estrictamente profesionales y técnicos y en cuanto al gobierno de las administraciones sanitarias de forma transparente e institucionalizada, tenemos que dar pasos importantes. Espero que se den en los próximos años.
¿Cómo ves a la Fundación Signo?
Creo que es una institución muy meritoria, que sirve de fermento para los gestores sanitarios, que hace bandera de la excelencia, que tiene sus premios, que son bien conocidos y destacados, y que es un elemento que ha surgido de la propia profesión. La Fundación contribuye de forma importante en el avance de la gestión sanitaria; tengo muy buena opinión de la Fundación Signo.
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Tenemos una circunstancia económica muy compleja que no acaba de resolverse, fundamentalmente por un problema de liderazgo político, sobre todo a nivel internacional

Trabajé mucho, con mucho entusiasmo y con equipos con los que estaba muy compenetrado, en algunos temas importantes de nuestro sistema sanitario, como la primera ley del medicamento o el establecimiento del sistema de fármaco-vigilancia de nuestro país

Fundación contribuye de forma importante en el avance de la gestión sanitaria
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