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Fernando Lamata Exconsejero de Sanidad de Castilla la Mancha
Miembro del Jurado de los Premios Profesor Barea
¿Cuánto tiempo llevas?
Mi formación inicial es de médico y psiquiatra. Desde que terminé la especialidad, empecé a desarrollar tareas de gestión sanitaria y salud pública como Director del Instituto Nacional de la Salud en Santander y después del Insalud de Madrid. A continuación, estuve como Director de la Escuela Nacional de Sanidad y Vicepresidente Ejecutivo de la Fundación Jiménez Díaz. Después estuve en el ámbito de la Comunidad de Madrid de Director de Planificación. Durante tres años actué como Consultor para Programas de la Unión Europea y más tarde me incorporé en la Consejería de Salud de Castilla La Mancha, como Director General y luego como Consejero. De ahí pasé al Ministerio de Sanidad como Secretario General de Sanidad y finalmente regresé a Castilla-La Mancha, como Vicepresidente y como Consejero de Salud y Bienestar Social. Siempre me he dedicado a tareas de gestión, de administración sanitaria y, desde el punto de vista más intelectual, me he dedicado a estos temas en los escritos, las conferencias y las publicaciones que he llevado a cabo, como el Manual de administración sanitaria, el de marketing sanitario, y otros, que recogen las experiencias vividas en treinta años de dedicación a la gestión sanitaria.
¿Qué ha sido lo mejor?
Lo mejor es haber podido contribuir a que la sanidad española sea considerada una de las mejores del mundo por sus resultados en salud (indicadores de mortalidad infantil, esperanza de vida, vida libre de incapacidad, etc.) por su calidad en las prestaciones sanitarias, que se deben sobre todo a una magnífica formación de los profesionales sanitarios, a una buena organización y a la capacidad de toda la sociedad para contribuir a una sanidad con una cobertura universal. La persona más humilde tiene la posibilidad de acceder a un servicio igual que la persona más rica, en condiciones de igualdad, y poder contribuir a ello es lo mejor que me ha pasado.
¿Qué ha sido lo peor?
Lo peor es seguramente el tiempo robado a la familia, horas que no he podido compartir con mis hijos y mi mujer, y los malos humos que a veces uno se lleva a casa por momentos muy complicados. Ese es el coste de esta vida que, por otro lado, ha sido para mí un privilegio, por poder participar en todo este proceso.
¿Cómo ves el futuro?
Soy optimista por naturaleza y creo que el futuro dependerá de nosotros, los que estemos intentando hacer bien las cosas. Creo que en el siglo XX se mejoró mucho, porque por primera vez en la historia de la humanidad se construyeron sistemas sanitarios universales, con acceso a todas las personas, independientemente de la condición social. Esto ocurrió por primera vez en Europa a principios del siglo XX y se fue consolidando después de las guerras. Con las organizaciones sanitarias de seguridad social y de los sistemas nacionales de salud se dio un cambio importantísimo. La sanidad pública, junto a las mejoras en las condiciones de vida (alimentación, agua potable, saneamiento), a la utilización de medicamentos (vacunas, antibióticos), ha logrado que la esperanza de vida al nacer en Europa se haya duplicado en el siglo XX (de 35 a 80 años).
Hoy en día, con toda la globalización, hay un dominio de este nuevo capitalismo financiero, que está por encima de los países en cuanto a sus organizaciones políticas; tengo preocupación por esta evolución, porque veo riesgo de que el modelo sanitario no siga siendo universal. Sé que España tendrá un sistema sanitario acorde con su desarrollo económico (si hay más desarrollo, habrá mejor sistema sanitario), pero puede disminuir la cobertura pública. Ahora sigue habiendo un sistema público, con una financiación pública, pero esto hoy está en debate, porque predomina el discurso de que la sanidad pública no es sostenible, aunque yo no estoy de acuerdo, puesto que la sanidad pública ha tenido un gasto acorde con la renta del país y lo que ha habido en España es una fuerte caída de los ingresos públicos por una crisis económica y por la bajada de una serie de impuestos. Lo que hay que hacer es equilibrar esos gastos con unos ingresos suficientes. Estoy preocupado porque el mundo se está moviendo más deprisa y hay unos contrapesos políticos que están siendo sobrepasados por los mercados, que están causando enormes destrozos en la economía productiva y en los sistemas sociales. Los gobiernos europeos y de Estados Unidos no han sabido controlar esto, pero siendo optimista, estoy seguro de que lo podremos solucionar.
En este sentido vale la pena revisar el Informe de la ONU sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio: la mortalidad infantil en el mundo ha disminuido de 62 a 42/1000 nacidos vivos entre 1990 y 2009. La esperanza de vida al nacer ha aumentado de 64 a 68 en ese periodo. Vamos avanzando.
Como parte del jurado de los Premios Profesor Barea de la Fundación Signo, ¿qué piensas de estos premios?
Pienso que es un logro muy grande de la Fundación Signo el haber mantenido estos premios, porque son una motivación para muchos profesionales dedicados a la gestión de muchos centros sanitarios e institutos de investigación sanitaria. Conozco muchos centros o institutos que, después de haber recibido el premio Profesor Barea, han retomado su entusiasmo e ilusión por hacer bien las cosas y seguir mejorando la calidad de la atención sanitaria. Seguramente, dentro del panorama sanitario español, es el premio que ha tenido más continuidad en el ámbito de la gestión sanitaria.
Los premios de este año vuelven a reafirmar lo que comento, con grupos de toda España, que están trabajando en gestión clínica, en gestión de enfermería, en sistemas de información, en seguridad del paciente, en seguridad en el uso de medicamentos, etc. Se tratan áreas que son muy importantes para el paciente, para los profesionales y para el mantenimiento del sistema sanitario.
En este año he vuelto a ver grandes trabajos, rigurosos e innovadores, con referencias internacionales en cuanto a la gestión sanitaria. Me ha alegrado ver que los premios, una vez más, han servido para que los profesionales renueven su compromiso con la mejora de la sanidad.
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Lo mejor es haber podido contribuir a que la sanidad española sea considerada una de las mejores del mundo por sus resultados en salud (indicadores de mortalidad infantil, esperanza de vida, vida libre de incapacidad, etc.) por su calidad en las prestaciones sanitarias, que se deben sobre todo a una magnífica formación de los profesionales sanitarios, a una buena organización y a la capacidad de toda la sociedad para contribuir a una sanidad con una cobertura universal

Predomina el discurso de que la sanidad pública no es sostenible, aunque yo no estoy de acuerdo, puesto que la sanidad pública ha tenido un gasto acorde con la renta del país y lo que ha habido en España es una fuerte caída de los ingresos públicos por una crisis económica y por la bajada de una serie de impuestos

Conozco muchos centros o institutos que, después de haber recibido el premio Profesor Barea, han retomado su entusiasmo e ilusión por hacer bien las cosas y seguir mejorando la calidad de la atención sanitaria
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