Jerónimo Saavedra
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JerónimoSaavedra Jurado de los Premios Profesor Barea Diputado del Común de Canarias ¿Cuánto tiempo llevas? Cuando se tienen setenta y cinco años, la historia puede ser larga. Prescindiendo del bachillerato, que fueron doce años en los jesuitas, empecé a estudiar Derecho en la Universidad de La Laguna en Canarias, mi tierra, y en cuarto curso me vine a Madrid. En el año 58, al acabar la carrera, me quedé como profesor ayudante, con un simbólico sueldo de 1.600 pesetas al año, que no me daban ni para pagar un mes del colegio mayor. Me metí en el área de Derecho en el Trabajo, que es lo que me gustaba, con el profesor Bayón Chacón. A partir de ahí, él me orientó y me dirigió a estudios especializados en la Universidad de Colonia, con un gran maestro en el derecho colectivo al trabajo, que era un tema prácticamente desconocido aquí por el régimen político. Luego estuve también un año en Florencia estudiando temas de la negociación colectiva. Después regresé, presenté la tesis doctoral y me fui de interino a la Universidad de la Laguna en el año 70. Durante todo ese período, me moví en el ambiente universitario comprometido con la democracia, que había vivido durante el tiempo que estuve en el extranjero. Una vez que me hicieron profesor titular de la universidad en Derecho del Trabajo, me consolidé en Canarias: primero en la Universidad de La Laguna, a la que retorné ya como profesor y en la que también fui director del colegio mayor, y luego puse en marcha la Facultad de Empresariales de Las Palmas de Gran Canaria. También fui profesor de las dos primeras promociones de ICADE, la escuela de formación empresarial y jurídica de los jesuitas en Madrid. Eso hizo que también fuera alumno de la Escuela de Organización Industrial de Madrid, en la escuela de ingeniería industrial de entonces. De ahí viene mi doble formación: por un lado, jurídica, y por otro lado, económico empresarial. Siempre he intentado no centrarme en una visión formalista del derecho, sino ver las influencias que los factores económicos, sociales e incluso ideológicos tienen sobre la vida empresarial. Una vez que se instauró la democracia, fui miembro dirigente a nivel confederal de la Unión General de Trabajadores, como experto en derecho en el trabajo, en el año 76. A través de esto, participé en todo el proceso de acuerdos marco con la C.O.E., vimos desde fuera el Pacto de la Moncloa y contribuí ya de manera más definitiva como parlamentario nacional desde el 77 hasta el 83, siendo ponente del Estatuto de los Trabajadores. Al ponerse en marcha el estado de las autonomías, opté por la vida en Canarias, siendo el primer presidente de la comunidad autónoma, desde el 83 hasta el 87, y luego volví en el período del 91 al 93. En el 93 me hicieron ministro de Administraciones Públicas para contribuir a acelerar el proceso de transferencias autonómicas y el proceso de descentralización política y administrativa, que estaba un poco paralizado en los ochenta. De ahí, pasé al Ministerio de Educación y Ciencia, donde estuve en los años 95 y 96. Después seguí de parlamentario nacional y pasé también al Senado en representación de la comunidad autónoma de Canarias. Como dentro de las administraciones públicas me faltaba el ámbito local, decidí presentarme en 2007 a la alcaldía de mi ciudad natal, Las Palmas de Gran Canaria, siendo elegido por mayoría absoluta. Esta triple experiencia en las administraciones públicas, autonómica, estatal y local, es la que me ha llevado a ser diputado del común, para defender a los ciudadanos de los caprichos, olvidos o maldades de cualquiera de esas tres administraciones. ¿Qué ha sido lo mejor? Lo mejor que me pasó, aunque yo no me daba cuenta, me lo dijo un compañero y alumno cuando fui elegido presidente autonómico: “¿Te das cuenta de que eres el primer presidente para la historia?” La verdad es que eso se me quedó grabado. Otra experiencia muy ilusionante fue una vez que estaba examinando oralmente a mis alumnos de la Facultad de Derecho de Gran Canaria en el año 93, y durante el examen a una chica sonó el teléfono. Era la secretaría de Felipe González, que me le pasó para decirme que quería que fuera al Ministerio de Administraciones Públicas; me puse como loco. He tenido experiencias muy gratas, como también en el Congreso de los Diputados en las Cortes Constituyentes. La verdad es que no me quejo, porque he tenido grandes satisfacciones. ¿Qué ha sido lo peor? Lo peor han sido algunas sorpresas. Estando en la segunda etapa como presidente de Canarias, estaba apoyado por las AIC, que eran partidos insulares. Un día estaba desayunando y me enteré de que me habían puesto una moción de censura, encabezada por mi vicepresidente, con el que había estado la noche antes trabajando codo a codo. Eso fue muy duro, pero la vida política tiene esas sorpresas. ¿Cómo ves el futuro? El presente es feo, pero el futuro siempre hay que mirarlo con ilusión, como una enfermedad: las enfermedades se superan y el organismo social no es como el humano, que desgraciadamente se acaba. El organismo social tiene más posibilidades de superar los obstáculos. En este momento estamos ante grandes obstáculos, pero con capacidad de unidad, de sacrificio y de realismo podemos configurar un futuro mejor para dentro de tres o cuatro años. Como miembro del jurado de los Premios Profesor Barea, ¿qué te parecen estos premios? Me parece una idea estupenda. Me llevé una gran alegría cuando recibí la propuesta para incorporarme como jurado, porque la combinación de gestión empresarial y actividad profesional, la que sea, es para mí muy importante, como ya se deduce de mi trayectoria. Es fundamental que se busque y se premie a aquellos que en un servicio sanitario no se preocupan solo por la prestación, sino también por la mejor organización, la mayor eficiencia, la mejor economía y la mejor integración de trabajo en un hospital. Le deseo larga vida a la Fundación Signo, porque contribuye a mejorar la calidad de la sanidad en nuestro país. |
En este momento estamos ante grandes obstáculos, pero con capacidad de unidad, de sacrificio y de realismo podemos configurar un futuro mejor para dentro de tres o cuatro años
Es fundamental que se busque y se premie a aquellos que en un servicio sanitario no se preocupan solo por la prestación, sino también por la mejor organización, la mayor eficiencia, la mejor economía y la mejor integración de trabajo en un hospital
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