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Jose Manuel Romay de Becaría Exministro de Sanidad
Miembro del Jurado de los Premios Profesor Barea
¿Cuánto tiempo llevas? Mi trayectoria es muy larga. Ingresé en el Consejo de Estado como letrado en el año 1959 pero con una clara vocación política que había nacido en mi propia casa. Después, desde allí hice algunas excursiones al mundo de la política. Entre 1963 y 1976 fui, por periodos más bien cortos, Secretario General de Sanidad, Director del Instituto de Estudios de Administración Local y Subsecretario de la Presidencia y luego también Subsecretario del Ministerio de Gobernación cuando Fraga ocupó esa cartera al principio de la transición. Fui también Vicepresidente de la Xunta de Galicia en 1982 siendo Presidente Fernández Albor, Presidente de la Diputación de La Coruña en 1987 y luego, ya con Fraga de Presidente de la Xunta, Consejero de Agricultura y de Sanidad desde 1990 a 1996. Después Aznar me nombró primero Ministro de Sanidad y luego Presidente del Consejo de Estado, que fue mi último cargo político y en el que cesé en 2004. También tuve una larga ejecutoria en el Partido Popular, al que pertenezco y en el que he desempeñado muchos cargos en La Coruña, en Galicia y a nivel nacional. Ya jubilado, Mariano Rajoy me propuso para Tesorero Nacional del Partido Popular y desde abril de 2010 ocupo ese cargo.
¿Qué ha sido lo mejor? La verdad es que he tenido mucha suerte, porque he tenido la posibilidad de hacer cosas que me gustaba hacer y que además me parecían buenas para la sociedad para la que yo trabajaba. Eso, a nivel profesional y político, es motivo de satisfacciones muy grandes. Yo, por mi carrera y por haber presidido la Institución pude trabajar en un entorno de tanta calidad intelectual como es el Consejo de Estado, y por los cargos que ocupé pude disfrutar de las muchas cosas buenas que se pueden hacer desde un gobierno provincial, autonómico o nacional. Por todo eso, he tenido mucha suerte y una vida muy rica. Experiencias como poder dirigir una vacunación nacional pionera contra la polio en 1963, en la que se vacunaron millones de niños y por la que se salvaron a miles de ellos de contraer esa enfermedad; dar un impulso extraordinario a la lucha contra los incendios forestales en Galicia como pude hacer en 1990; implantar un programa de diagnóstico precoz del cáncer de mama que llegó a todas las mujeres gallegas entre 50 y 65 años, crear el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, hoy con prestigio mundial, y algunas otros cosas análogas (reducción de las listas de espera, saneamiento del ganado, etc.) son todas muy satisfactorias. Lo mismo podría decir de cosas más pequeñas pero que afectan a primeras necesidades de gentes muy modestas como llevar la luz eléctrica o el teléfono a algunas aldeas remotas de la provincia de La Coruña. Y podía citar más, pero no quiero cansar.
¿Qué ha sido lo peor? Comparado con todo lo bueno, las cosas malas son anécdotas que ni siquiera guardo en la memoria. Pueden ser pequeñas deslealtades y algunas cosas de ese tipo, pero no tienen importancia comparadas con lo extraordinario que es tener la sensación de que se está contribuyendo a mejorar servicios importantes e incluso esenciales de los ciudadanos.
¿Cómo ves el futuro? Lo veo con esperanza, pero con preocupación también. Estamos en un momento muy difícil y tenemos que ser capaces de hacer un enorme esfuerzo. Tenemos que salvar los pilares de nuestro Estado de bienestar (básicamente las pensiones, la educación y esa sanidad de calidad accesible a todos) como hasta ahora. Y tendremos que conseguirlo en circunstancias económicas adversas. Eso quiere decir que lo primero que tendremos que hacer es ser más eficientes y que tendremos que gestionar mejor. Justamente en ese campo la Fundación Signo está marcando caminos y diciéndonos por donde hay que ir para que en Sanidad se hagan muchas cosas con menos recursos y así podamos atender todas las necesidades. La Fundación merece por ello nuestro estimulo y reconocimiento.
A lo largo de los diez años que estamos haciendo los Premios Profesor Barea, la Fundación Signo está profundamente agradecida con usted, porque nos apoya año tras año y valora con nosotros los trabajos que recibimos. ¿Cómo vive usted los Premios Profesor Barea?
Los vivo con una profunda satisfacción, porque todos los años me da ocasión de conocer la competencia extraordinaria de los profesionales del sector sanitario que es realmente un colectivo de nivel intelectual y humano excepcional. A través de estos trabajos que optan a los Premios Profesor Barea podemos conocer proyectos que buscan la mejor calidad clínica y el mejor aprovechamiento de los recursos. Ver todo el potencial que tenemos y cómo la Fundación Signo es capaz de estimular esta preocupación por la calidad y por la economía en la Sanidad es un espectáculo formidable. Mi trabajo para la Fundación es además para mí una oportunidad, que valoro como se merece, de compartir todos los años en un par de ocasiones unas horas con el Profesor Barea a quien tengo una gran estima por su prestigio profesional y humano y por sus extraordinarios servicios al Estado.
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Estamos en un momento muy difícil y tenemos que ser capaces de hacer un enorme esfuerzo, porque tenemos que conseguir salvar los pilares del Estado de bienestar, pensiones, educación y sanidad, y mantener nuestro modelo de asistencia sanitaria de calidad y además universal y gratuita, es decir, financiada con impuestos

Experiencias como dirigir una campaña de vacunación contra la polio, en la que se vacunan a millones de niños y se salva a miles de esa patología, contribuyendo a la mejoría de sus condiciones de vida, o impulsar la lucha contra los incendios forestales en Galicia o implantar un programa de diagnóstico precoz del cáncer de mama, recompensan en la vida de muchos contratiempos y disgustos

A través de estos trabajos que optan a los Premios Profesor Barea podemos conocer proyectos que buscan la mejor calidad clínica y el mejor aprovechamiento de los recursos
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