Vicente Bertomeu Martínez
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Vicente Bertomeu Martínez Presidente de la Sociedad Española de Cardiología ¿Cuánto tiempo llevas? Hice la residencia de cardiología en el Hospital La Fe de Valencia y posteriormente estuve trabajando en el Hospital General de Alicante como cardiólogo. Después me trasladé al Hospital Provincial. Desde hace veinte años soy el responsable del servicio de Cardiología del Hospital Universitario de San Juan, Alicante. Esta es mi trayectoria desde el punto de vista profesional. Desde el punto de vista de la Sociedad Española de Cardiología, fui durante seis años Presidente de la sección de Hipertensión Arterial y desde el año pasado soy Presidente de la Sociedad Española de Cardiología. ¿Qué ha sido lo mejor? Realmente, lo mejor que me ha pasado es que me gusta mi trabajo. Trabajo en una especialidad que me gusta, en la que hay muchos pacientes y que ha tenido un desarrollo tecnológico muy importante en los últimos años. En cardiología se han desarrollado mucho los métodos diagnósticos y los procedimientos terapéuticos, de tal forma que hoy en día los cardiólogos somos capaces de resolver muchos de los problemas que tienen nuestros pacientes. Mi trayectoria en la SEC también ha sido muy gratificante, porque en el tiempo que estuve al frente de la sección de Hipertensión Arterial conseguimos cambiar la perspectiva y la percepción de los cardiólogos ante la prevención de la enfermedad cardiovascular, que es fundamental. Hoy en día los cardiólogos están mucho más implicados en estos procesos y en el tratamiento adecuado de los factores de riesgo cardiovascular, de los cuales la hipertensión probablemente es el más importante; Otro aspecto muy positivo ha sido la buena predisposición de los profesionales; cada vez que desde un cargo en la sociedad he pedido colaboración a un cardiólogo para un proyecto nunca me han dicho que no y siempre lo han hecho de forma absolutamente desinteresada. Eso es muy gratificante y es una de las explicaciones por las cuales la SEC tiene la posición que en este momento ocupa en el mundo de la sanidad española. ¿Qué ha sido lo peor? Desde el punto de vista profesional, lo peor es asistir impotente a la mala gestión de los recursos públicos, incluidos los sanitarios. Eso es duro para las personas que tenemos cargos de responsabilidad: el darte cuenta como a veces las sugerencias, los comentarios o las indicaciones no se atienden y no se valora prácticamente nada la capacidad profesional a la hora de tomar decisiones de política sanitaria, sino que influyen más otros factores, fundamentalmente políticos. Esto es una de las explicaciones de porqué estamos en esta situación, porque la “capacidad” es un hecho que no se valora en la medida que debería, que debería ser prioritaria. Otra cosa que me parece muy negativa es que los profesionales tenemos muy poca influencia en la toma de decisiones de la gestión sanitaria. Los profesionales, de forma individual o a través de sus órganos de representación, como las sociedades científicas, deberíamos tener un papel mucho más importante como elemento regulador, es decir, para velar que se cumplan los estándares y las recomendaciones que están publicadas en las guías de práctica clínica. Todos tenemos que hacer un esfuerzo en ese sentido. Las sociedades científicas defienden las competencias de los profesionales de especialidades médicas, la capacitación, que es lo que tiene que primar, y los intereses del paciente, que se verán beneficiados al ser atendidos por profesionales más capacitados. ¿Cómo ves el futuro? Como todos sabemos, tenemos una crisis en este momento. La crisis tiene un aspecto positivo, porque debería poner las cosas en su sitio y obligar que se tomen decisiones políticas a potenciar los sistemas asistenciales en base a competencias y en base a criterios de eficiencia y eficacia, más que a criterios políticos. Es un deber que profesionales, administración y sociedades científicas hagamos un esfuerzo para conseguir mejorar la eficiencia del tratamiento a los pacientes a pesar de tener menos recursos. Hace unos días, la Fundación Signo hizo un punto de encuentro sobre “La reorganización del sistema nacional de salud”, en el que estuviste. ¿Qué opinas? Para empezar, la filosofía y los principios del punto de encuentro son pertinentes, porque hay que tomar posición por parte de las diferentes entidades implicadas en la sanidad para intentar valorar la situación de forma adecuada, desde distintas perspectivas, y consensuar puntos de vista. Las conclusiones y resultados que se sacaron del punto de encuentro son muy importantes y deberían tenerse en cuenta a la hora de diseñar las estrategias más adecuadas para modificar la política sanitaria de este país. Por tanto, los objetivos son encomiables y muy positivos. El riesgo es que esto sólo quede en una reunión y no se tome en cuenta por las instancias que van a tener que tomar las decisiones políticas. Ese es el trabajo que queda pendiente, para que los contenidos de esa sesión sean trasladados a los gestores sanitarios y a los políticos. Las conclusiones deberían tenerse en cuenta, porque son sólidas, independientes e imprescindibles para no equivocarnos otra vez. Aprovecho para felicitar a la Fundación Signo por el trabajo que hace, creo que es muy importante que se mantengan estos puntos de encuentro, que ayudan a mejorar la gestión en toda España.
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Los profesionales, de forma individual o a través de sus órganos de representación, como las sociedades científicas, deberíamos tener un papel mucho más importante como elemento regulador, es decir, para velar que se cumplan los estándares y las recomendaciones que están publicadas en las guías de práctica clínica
La crisis tiene un aspecto positivo, porque debería poner las cosas en su sitio y obligar que se tomen decisiones políticas a potenciar los sistemas asistenciales en base a competencias y en base a criterios de eficiencia y eficacia, más que a criterios políticos
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